
Milán es conocida habitualmente como la capital económica de Italia, una definición que parece sugerir que aquí circula mucho dinero, pero que hay poco interesante que ver. Nada más lejos de la realidad: cosas que hacer y ver en Milán hay muchísimas. Se puede empezar por la Milán de postal, la de Piazza Duomo, la Galleria Vittorio Emanuele II y el Castello Sforzesco, símbolos de la antigua riqueza de la ciudad.
Luego está la Milán de Leonardo da Vinci, que puso su genio de arquitecto al servicio de una obra compleja: hacer navegables los Navigli, los canales milaneses, hoy recuperados y convertidos en una de las zonas más animadas y de moda. También Leonardo dejó en Milán una de sus mayores obras maestras: La Última Cena, pintada en el refectorio de Santa Maria delle Grazie.
Y después está la Milán internacional, la que atrae a ricos de todo el mundo: la de San Babila con su bella iglesia de estilo neorrománico, pero sobre todo con las calles de la moda, los escaparates de las grandes firmas, las modelos paseando y los coches deportivos aparcados.
En definitiva, no faltan cosas que hacer y ver en esta ciudad. A todo ello hay que sumar el encanto de una gran metrópolis europea y una cocina injustamente infravalorada frente a la de Roma, Nápoles o Florencia.
Aquí tienes, por tanto, 16 cosas que ver en Milán para empezar a descubrir esta gran y hermosa ciudad, incluso durante un solo fin de semana.
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El Duomo de Milán
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¿Qué puede representar mejor a Milán que su Duomo?
La iglesia dedicada a Santa Maria Nascente, construida por voluntad de Gian Galeazzo Visconti, es el símbolo de la ciudad y una de las primeras cosas que ver nada más llegar a Milán.

Las obras del Duomo de Milán comenzaron en 1386 y dieron lugar a un monumento extraordinario, con maravillosas vidrieras y bellísimas decoraciones esculpidas.
Esta majestuosa estructura es uno de los testimonios más significativos de la arquitectura gótica, y no deja lugar a dudas: es única por la fusión de rasgos nórdicos y elementos lombardos.
La famosa Madonnina de Milán
La belleza del Duomo se completa con la aguja mayor, donde se alza la célebre Madonnina, una estatua de cobre dorado de nada menos que 4 metros de altura.
Si visitas la iglesia en un día soleado, podrás disfrutar desde las terrazas de una magnífica vista sobre la ciudad y los Alpes.
En el interior no debes perderte la zona del presbiterio, renovada en la segunda mitad del siglo XVI. En lo alto de la bóveda absidal se encuentra la reliquia del Santo Clavo de la Cruz.
Por dar algunos datos: en el Duomo hay 3.500 estatuas, incluidos los 96 gigantes de los canalones; la estructura mide 157 metros de largo y 92 metros de ancho, y la aguja alcanza los 108,50 metros.
Horarios y precio de la entrada para el Duomo de Milán
Horario de apertura: todos los días de 9.00 a 19.00. Última entrada a las 18.00. Domingos y festivos, reserva anticipada obligatoria.
Precio de la entrada: desde 9 € sin subir a las terrazas, hasta 15 € subiendo a pie o 20 € con ascensor. Todas las entradas incluyen: visita a la Catedral, Área Arqueológica, Museo del Duomo e Iglesia de San Gottardo.
Todos los jueves por la noche, desde el 10 de junio de 2021, apertura prolongada de las terrazas hasta las 22.00, con última subida en ascensor a las 21.10.
Cómo llegar: está justo en el centro de Milán, no tiene pérdida. Metro M1 y M3, parada Duomo.
Sitio oficial: http://www.duomomilano.it/
Museo del Novecento
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A pocos pasos del Duomo se encuentra el Palazzo dell’Arengario, sede del magnífico Museo del Novecento.

Una colección de más de 400 obras de arte italiano dispuestas en orden cronológico: el recorrido comienza con El Cuarto Estado, de Giuseppe Pellizza da Volpedo, al que se dedica una sala entera.
Entre los autores de comienzos del siglo XX encontramos obras de Picasso, Braque, Klee, Kandinsky y Modigliani. Después se pasa al Futurismo, con Balla, Boccioni, Carrà, Depero, Severini y Soffici.
Los años veinte y treinta están representados por de Chirico, Morandi y un espacio entero dedicado a Marino Marini. En la tercera planta hay obras de artistas informalistas —Burri, Vedova, Licini y otros— y de los años cincuenta y sesenta, con Piero Manzoni y artistas de Azimuth.
La cuarta planta está dedicada por completo a Lucio Fontana, con el gran techo espacial de 1956, procedente del Hotel del Golfo de la isla de Elba, el Neón y los Conceptos espaciales de los años cincuenta. La gran sala dedicada a Fontana cuenta con amplios ventanales que ofrecen una vista espectacular del Duomo.
La pasarela suspendida conduce al Palazzo Reale, con la sección dedicada a las obras de los años sesenta a los ochenta: Arte Cinético y Programado, Pop, pintura analítica y arte conceptual, con Kounellis, Paladino y otros.
Horarios y precio de la entrada para el Museo del Novecento
Horario de apertura: todos los días de 10.00 a 19.30. Jueves hasta las 22.30.
Precio de la entrada: entrada general 10 €. Reducida adultos 8 €, reducida jóvenes y niños 5 €.
Cómo llegar: junto al Duomo. Metro M1 y M3, parada Duomo.
Sitio oficial: http://museodelnovecento.org/it/
El Cenáculo de Leonardo da Vinci en Milán
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La Última Cena de Leonardo da Vinci se conserva cuidadosamente en el interior del refectorio del convento dominico de Santa Maria delle Grazie de Milán. Leonardo realizó esta obra de sorprendente belleza en la pared norte de la gran sala entre 1494 y 1498, durante el señorío de Ludovico el Moro.

El genial Leonardo ejecutó esta obra maestra a secco, en lugar de emplear la técnica del fresco, habitual en las pinturas murales.
Lamentablemente, con el paso del tiempo, debido a las condiciones ambientales y a los acontecimientos históricos, la obra ha sufrido un fuerte deterioro y solo puede apreciarse parcialmente.
La Última Cena ha sido objeto de numerosas restauraciones, especialmente la de 1999, que devolvió al cuadro sus colores originales y eliminó intervenciones pictóricas anteriores.
Para evitar nuevos daños, la obra se conserva en condiciones ambientales especiales, determinadas por el tratamiento del aire, y solo puede visitarse en grupos de un máximo de 25 personas cada vez, cada 15 minutos.
Horarios y precio de la entrada para el Cenáculo de Leonardo
Horario de apertura: de martes a sábado, de 9.45 a 19.00, con última entrada a las 18.45. Domingo de 14.00 a 19.00, con última entrada a las 18.45.
Solo pueden visitar el refectorio 15 personas cada 15 minutos.
Precio de la entrada: 15 €, con reserva obligatoria en el sitio de Vivaticket.
Cómo llegar: Piazza Santa Maria delle Grazie. Línea de metro 1: Cadorna o Conciliazione Línea de metro 2: Cadorna o Sant’Ambrogio
La Pinacoteca de Brera en Milán
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La Pinacoteca de Brera nació en 1776 como colección de obras significativas destinadas a la formación de los estudiantes de la Academia de Bellas Artes.

Cuando Milán fue proclamada capital del Reino Itálico por Napoleón, llegaron a Brera los cuadros expropiados a iglesias y aristócratas, es decir, aquellos que no fueron llevados a París.
La Pinacoteca de Brera se diferencia, por tanto, de otros prestigiosos museos italianos porque no nació del coleccionismo privado de aristócratas y príncipes, sino de una iniciativa estatal y política.
La colección es riquísima e incluye algunas de las obras más famosas del mundo: desde La cena de Emaús de Caravaggio hasta el Cristo muerto de Mantegna, desde la Pala de Brera de Piero della Francesca hasta Los desposorios de la Virgen de Rafael.
Junto a estas obras célebres hay muchas otras excepcionales, aunque menos conocidas. Uno de los símbolos de Brera es el cuadro por excelencia del Romanticismo italiano: El beso de Hayez. La colección llega hasta el siglo XX con obras de Braque, Modigliani, Picasso, Morandi, De Chirico y muchos otros.
Horarios y precio de la entrada para la Pinacoteca de Brera
Horario de apertura: válido del 1 de junio al 4 de julio incluido:
• martes: 9.30-14.30, última entrada a las 13.30
• miércoles: 12.30-17.30, última entrada a las 16.30
• jueves: 12.30-17.30, última entrada a las 16.30
• viernes: 9.30-17.30, última entrada a las 16.30
• sábado: 9.30-17.30, última entrada a las 16.30
• domingo: 9.30-17.30, última entrada a las 16.30
Cierre: todos los lunes, 1 de enero, 1 de mayo y 25 de diciembre. Precio de la entrada: 15 € general, 10 € reducida. Cómo llegar: Via Brera, 28. M2 parada Lanza, M3 parada Montenapoleone. Tranvía: 1-4-8-12-14-27. Autobús: 61, 97 Sitio oficial: [http://pinacotecabrera.org/](http://pinacotecabrera.org/)
Los Navigli de Milán
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Casi nunca se piensa en Milán como una ciudad de agua, y sin embargo lo es. El sistema de los Navigli nació con el ambicioso proyecto de conectar Milán con el lago de Como, el Adda, el lago Mayor y el Po, llegando al norte de Europa y, finalmente, al mar. La historia de los Navigli empieza en la segunda mitad del siglo XII, con la construcción del primer tramo navegable.
El primer canal, el Ticinello, se inauguró en 1179 y, con sus 50 kilómetros de longitud, dio inicio a la construcción del Naviglio Grande. En 1457 Francesco Sforza encargó a Bertola da Novate la construcción del Naviglio della Martesana, pero fue con Ludovico el Moro cuando llegó el verdadero punto de inflexión.

¿Y qué genio podía completar una obra hidráulica tan compleja si no Leonardo da Vinci? Con un ingenioso sistema de esclusas, Leonardo consiguió conectar Milán con el lago de Como.
Solo faltaba la conexión con el mar a través del Po: de ello se ocupó Napoleón en 1805, completando la construcción del Naviglio Pavese.
Los Navigli han vivido épocas alternas: trajeron riqueza, pero después sufrieron abandono y contaminación, y una buena parte de ellos fue cubierta.
A pesar de todo, los milaneses siempre los han querido, paseando por sus orillas o frecuentando las tabernas y locales que fueron naciendo a su alrededor.
Hoy viven un renacimiento y están en el centro de numerosos proyectos de regeneración urbana. El primero en completarse fue el de la nueva Darsena, en el Naviglio Grande, llevado a cabo con motivo de la Expo 2015. Carriles bici, barcos y zonas de descanso conviven con las tradicionales osterie, boutiques y tiendas de artistas. Imprescindibles, incluso si solo pasas unas horas en Milán.
El Castello Sforzesco de Milán
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El Castello Sforzesco acompaña la historia de Milán desde hace 750 años y ha sido un lugar decisivo en muchas ocasiones.
La primera construcción fue encargada por Galeazzo II, pero fue Francesco Sforza —de quien toma el nombre— quien le dio su forma actual.

El castillo desempeñó casi siempre la función de ciudadela militar y sigue siendo, todavía hoy, uno de los castillos más grandes de Europa.
Durante mucho tiempo fue un lugar asociado a la guerra, las dominaciones y los duelos, por lo que fue amado y odiado por los milaneses. En el siglo XX, sin embargo, el castillo cambió de rostro y adoptó la apariencia más amable de un lugar de cultura, dedicado a proteger los testimonios del arte lombardo.
Los museos del Castello Sforzesco de Milán
Actualmente el Castello Sforzesco alberga numerosos museos: en la planta baja de la Corte Ducale se encuentra el Museo de Arte Antiguo; en la primera planta, la colección de muebles y la Pinacoteca; en la primera y segunda planta de la Rocchetta están las colecciones de Arte Aplicado y el Museo de Instrumentos Musicales; y en el subsuelo de la Corte Ducale se encuentran el Museo de Prehistoria y Protohistoria y el Museo Egipcio.
El castillo conserva algunas obras maestras del arte italiano: la Pietà Rondanini de Miguel Ángel, los frescos de Leonardo en la sala VIII del Museo de Arte Antiguo, la Madonna en gloria con los santos Juan Bautista, Gregorio Magno, Benito y Jerónimo de Mantegna en la Pinacoteca, y el extraordinario ciclo de tapices que representa los doce meses, obra de Bramantino, en la Sala della Balla.
Detrás del Castello Sforzesco se extiende Parco Sempione, el pulmón verde de Milán. Una inmensa zona verde donde los milaneses huyen del esmog y del estrés urbano para correr, pasear o hacer un picnic.
Horarios y precio de la entrada para el Castello Sforzesco
Horario de apertura: patios de 7.00 a 19.30. Museos del Castillo: de martes a domingo, de 10.00 a 17.30, con última entrada a las 17.00.
Entrada: acceso gratuito a los patios. Museos 5 €. Reducida 3 €. Cómo llegar: Piazza Castello. Línea roja M1: paradas Cairoli y Cadorna FN Línea verde M2: paradas Lanza y Cadorna FN
Tranvía
Líneas 1, 2, 4, 12, 14, 27
Autobús
Líneas 50, 57, 58, 61, 94 Sitio oficial: [https://milanocastello.it/](https://milanocastello.it/)
La Galleria Vittorio Emanuele II de Milán
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La Galleria Vittorio Emanuele II, el llamado salón de Milán, fue construida porque en la primera mitad del siglo XIX la ciudad observaba con cierta envidia las transformaciones urbanísticas de las grandes capitales europeas y quería estar a su altura.

En 1859, la idea de un pasaje cubierto que comunicara Piazza Duomo con Piazza della Scala fue tomando forma, y se convocó un concurso internacional para evaluar las propuestas de distintos arquitectos. Nada menos que 176 arquitectos presentaron sus ideas, y entre todas destacó la de Giuseppe Mengoni, que concibió una larga galería atravesada por un brazo, con una amplia sala octogonal en el centro del cruce.
En 1865 comenzaron las obras, con la colocación de la primera piedra directamente por el rey Vittorio Emanuele II de Saboya, y dos años después la Galería fue inaugurada, aunque todavía incompleta y sin la presencia del rey.
Pero la construcción de la Galleria Vittorio Emanuele II tuvo un epílogo trágico: su creador, Giuseppe Mengoni, murió precisamente durante una inspección de su “criatura”.
Muchos no pensaron en un accidente fortuito, sino en un auténtico suicidio motivado por las numerosas críticas dirigidas a su obra y por la decepción causada por la ausencia del rey en la inauguración. Nadie podía imaginar que el monarca se encontraba en muy mal estado de salud y que moriría apenas unos días después.
La Galería es el salón elegante de Milán, donde se queda para dejarse ver, comprar —a precios altos— o, simplemente, tomar un café.
Iglesia de San Maurizio al Monastero Maggiore
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Tras 30 años de restauraciones, la magnífica iglesia renacentista de San Maurizio ha vuelto a brillar.
Construida a comienzos del siglo XVI sobre los restos de un antiguo lugar de culto, la iglesia estaba anexa al Monastero Maggiore de la orden benedictina, demolido en 1799. De aquel complejo se conserva hoy el claustro de entrada, parte integrante del Museo Arqueológico.
La división del espacio interior en dos partes —una abierta a los fieles y otra, la posterior, reservada a las monjas del monasterio, que asistían a misa desde una reja— testimonia la antigua función del edificio.

La fachada sencilla y lineal del edificio, en Corso Magenta, no permite imaginar el sorprendente interior, ricamente cubierto de maravillosos frescos que recubren toda la estructura arquitectónica, desde las paredes hasta la bóveda. Por eso la iglesia ha sido definida como la Capilla Sixtina de Milán.
Las decoraciones al fresco, de colores vivos, se extienden por unos 4.000 metros cuadrados y son obra de algunos de los grandes maestros de la pintura lombarda del siglo XVI:
Bernardino Luini, a quien se deben, entre otras obras, las Historias de Santa Catalina en la capilla Besozzi y las Historias de la vida de Cristo en el coro de las monjas y en la pared divisoria; Simone Peterzano, maestro de Caravaggio, autor de El regreso del hijo pródigo y Cristo expulsando a los mercaderes del templo, que decoran la fachada interior de la iglesia; Antonio Campi, responsable de la Adoración de los Magos del altar mayor; Bergognone, en el coro; Lomazzo; y Boltraffio, discípulo de Leonardo.
El órgano
De gran valor en el coro claustral es el órgano realizado por Gian Giacomo Antegnani en 1557, destinado originalmente a conciertos litúrgicos y utilizado hoy con ocasión de los eventos musicales que se celebran en la ciudad. Imprescindible.
Horarios y precio de la entrada para San Maurizio al Monastero Maggiore
Horario de apertura: todos los viernes, sábados y domingos, con entradas de 10.00 a 16.00. Reserva obligatoria en Eventbrite
Precio de la entrada: gratis
Cómo llegar: Corso Magenta 15. M2, línea verde, parada Cadorna; M1, línea roja, parada Cordusio.
Tranvía 19, 20, 24; autobús 19, 50, 59
Basílica de Sant’Ambrogio en Milán
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La iglesia dedicada al santo patrón de la ciudad está considerada la segunda iglesia más importante de Milán, después del Duomo.
Fundada en el siglo IV por voluntad de Ambrosio, obispo de Milán —enterrado aquí en el año 397—, en la zona del cementerio de los cristianos martirizados, la iglesia se llamaba originalmente Basilica Martyrum. Fue reconstruida según los cánones de la arquitectura románica entre 1088 y 1099.

Aunque se considera el ejemplo más importante de arquitectura románica lombarda, la basílica debe también su aspecto a las intervenciones constructivas y adaptaciones realizadas a lo largo de los siglos.
La basílica, precedida por un atrio de cuatro pórticos, presenta una fachada a dos aguas caracterizada por dos logias superpuestas y enmarcada por dos campanarios: el de los Monjes, a la derecha, del siglo IX, y el de los Canónigos, a la izquierda, construido en el siglo XII, salvo los dos últimos pisos, añadidos en 1889.
El interior de Sant’Ambrogio
El interior se articula en tres naves, cada una rematada por un ábside y dividida en cuatro tramos cuadrados cubiertos por bóvedas de arista. En el presbiterio destaca el ciborio del siglo IX, un baldaquino de estuco lombardo-bizantino apoyado sobre cuatro columnas de pórfido rojo, bajo el cual se sitúa el Altar de Oro, obra maestra de la orfebrería carolingia realizada por Vuolvino.
También es de gran valor el sarcófago paleocristiano conocido como de Estilicón, fechado en el siglo IV. Despierta asimismo interés la columna romana sobre la que se apoya una singular escultura de bronce, el llamado serpiente de Moisés: según la leyenda, el fin del mundo será anunciado por el descenso del animal desde la columna.
La cripta con los restos de los santos
En la cripta subterránea se conservan los restos de los santos Ambrosio, Gervasio y Protasio. En el interior de la basílica ambrosiana puede admirarse también la pequeña capilla, o sacello, de San Vittore in Ciel d’Oro, construida en el siglo IV para custodiar los restos del mártir Víctor. Es famosa por sus mosaicos paleocristianos en las paredes y en la cúpula, que representan a varios santos, entre ellos el propio san Ambrosio.
La columna de Satanás y su leyenda
Cerca de la basílica de Sant’Ambrogio se alza una columna de época romana con dos agujeros que, según la leyenda, fueron hechos por Satanás. Se cuenta que el diablo, al no lograr tentar a Ambrosio, intentó atravesarlo, pero acabó golpeando la columna y quedó atrapado en ella con sus largos cuernos.
Enfurecido, bajo forma de vapores de azufre, el Maligno utilizó esos mismos orificios para regresar al infierno. Así que no te preocupes si de esos agujeros sale un ligero olor a azufre o si, al acercar el oído, escuchas extraños ruidos procedentes de su interior…
Horarios y precio de la entrada para la Basílica de Sant’Ambrogio
Horario de apertura: de lunes a sábado: 10.00-12.00 y 14.30-18.00. Domingo: 15.00-17.00.
Precio de la entrada: gratis
Cómo llegar: Piazza Sant’Ambrogio. M2, línea verde, parada S. Ambrogio
Autobús 50, 58, 94
Sitio oficial: http://www.basilicasantambrogio.it/
San Bernardino alle Ossa en Milán
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A unos 500 metros de Piazza del Duomo, en Piazza Santo Stefano, se encuentra uno de los lugares más insólitos, fascinantes y macabros de Milán. Es el Santuario de San Bernardino alle Ossa, y su nombre ya dice mucho.

Esta pequeña capilla, convertida después en iglesia, cumplió durante siglos la función de osario, y sus paredes interiores están completamente decoradas con huesos humanos.
La historia comienza en 1145, cuando se construyeron en la zona un hospital y un cementerio para enterrar a los enfermos que morían allí.
Al cabo de pocos años, el espacio disponible resultó insuficiente y fue necesario construir una estancia para albergar los huesos de los difuntos exhumados de las tumbas más antiguas.
Tras el derrumbe del antiguo osario, a finales del siglo XVII se construyó el nuevo, que los frailes decoraron con huesos de los muertos y mandaron pintar al fresco en 1693-94 al pintor veneciano Sebastiano Ricci.
Las paredes están completamente recubiertas de huesos, fusionando lo macabro con la delicadeza de las decoraciones rococó. Aunque la leyenda afirma que son los huesos de mártires cristianos, en realidad se trata de los restos de enfermos del hospital, frailes que vivían en la iglesia, presos de Milán y algunos miembros de familias nobles milanesas. Una visita absolutamente imprescindible.
Horarios y precio de la entrada para San Bernardino alle Ossa
Horario de apertura:
lunes-viernes: de 8.00 a 18.00
sábado: de 9.30 a 18.00
domingo: iglesia abierta de 9.30 a 12.00. Osario CERRADO.
Precio de la entrada: gratis, con donativo voluntario.
Cómo llegar: en Piazza Santo Stefano. A pie desde Piazza del Duomo en unos 5 minutos.
Parco Sempione en Milán
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En una ciudad tan intensa como Milán, Parco Sempione es un pulmón verde donde respirar lejos del tráfico. El parque es amplio y está bien cuidado; se extiende desde el Castello Sforzesco hasta el Arco della Pace, bordeando la Arena Civica, el Acuario y la Triennale.

Para los milaneses es el lugar donde salir a correr, pasear, relajarse tumbados en el césped, sacar al perro o dejar que los niños jueguen al aire libre en los días soleados.
El parque cuenta con varias áreas para perros, una zona de juegos con pequeñas atracciones para familias, pistas de baloncesto y voleibol, una biblioteca y distintos circuitos de ejercicio equipados.
Muy querido por los milaneses —especialmente por las parejas— es el Ponte delle Sirenette, que cruza un pequeño lago artificial y constituye un rincón indudablemente pintoresco. Se dice que cruzar el puentecillo trae buena suerte, un buen motivo para acercarse hasta allí.
Parco Sempione es utilizado periódicamente por el ayuntamiento para organizar eventos, ferias y manifestaciones. Pasear por él resulta agradable durante todo el año, y cada estación le regala colores particulares.
El otoño es, sin duda, uno de los momentos más sugerentes, con su alfombra de hojas y las castañas que caen espontáneamente. Los días de primavera, en cambio, invitan a comer algo en los quioscos repartidos por el parque, tomar una bebida o leer un libro sentado sobre la hierba.
Parco Sempione es uno de los símbolos de Milán y una parada obligada para descansar durante una ruta de museos. Conviene visitarlo fuera del fin de semana para disfrutarlo mejor, cuando hay menos gente. Merece la pena reservar al menos media hora para pasear entre la rica flora y fauna que lo habita. Los amantes de los recorridos didácticos pueden participar en visitas guiadas por voluntarios para descubrir especies arbóreas y árboles monumentales.
Cómo llegar
Parco Sempione es muy céntrico. Las paradas de metro de referencia son: Cairoli, línea M1 roja; Lanza, línea M2 verde; y Cadorna, líneas M1 roja y M2 verde.
Cementerio Monumental de Milán
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Aunque visitar un cementerio no siempre resulte una idea atractiva, podemos asegurar que la visita al Cementerio Monumental de Milán es una experiencia que no conviene perderse.
Insignes arquitectos y artistas han dejado aquí su firma: templetes funerarios, capillas, monumentos y esculturas poseen un altísimo valor artístico, además de simbólico. Las corrientes escultóricas representadas son muy diversas, del Liberty al Simbolismo, pasando por la Scapigliatura.

Recomendamos incluso un simple paseo por este museo al aire libre, que expresa toda la grandeza de los personajes ilustres de la historia italiana y milanesa sepultados aquí: Wanda Osiris, Giorgio Gaber, Alda Merini, Dario Fo, Franca Rame y Enzo Jannacci, por citar solo algunos.
El Cementerio Monumental de Milán se puede visitar gratuitamente. Es posible recorrerlo por libre, eligiendo entre una serie de itinerarios recomendados que permiten descubrir sus distintas áreas. Como alternativa, y es una opción que recomendamos, se puede participar en una interesante visita guiada por voluntarios del Servicio Civil, previa reserva.
El recorrido A incluye 24 monumentos y dura aproximadamente una hora, mientras que, para quienes disponen de menos tiempo, existe el recorrido B, con 12 monumentos y una duración de media hora.
El Famedio, con las tumbas de los milaneses célebres
No te pierdas la visita al Famedio o “Templo de la Fama”, situado en la parte principal del Cementerio Monumental. Merece la pena entrar para admirar la belleza y riqueza decorativa de sus interiores, además de las ilustres sepulturas de Manzoni, Carlo Cattaneo, Luca Beltrami, Salvatore Quasimodo, Carlo Forlanini, Bruno Munari y Leo Valiani. También se puede bajar a la cripta del Famedio.
Entre otros puntos de interés del cementerio destacan el Monumento a los Caídos en los campos de exterminio nazis, el Templo Crematorio, la Capilla Bocconi, el Monumento Bistoletti, la Capilla Toscanini y el Osario Central.
Cómo llegar al Cementerio Monumental de Milán
En metro:
Parada Monumentale, línea M5
Parada Garibaldi, línea M2. Desde allí, continuar a pie unos 7-8 minutos.
En autobús:
94, parada P.ta Volta
70, parada Ceresio
En tranvía:
2, 4, 33, parada Farini
10, parada Monumentale
12 y 14, parada Bramante
El Albergo Diurno Venezia de Milán
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En Milán hay un lugar donde viajar a la Belle Époque: el Albergo Diurno Venezia. Se encuentra bajo Piazza Guglielmo Oberdan, cerca de la entrada de la estación de metro Porta Venezia, en la línea M1.

Para entrar es necesario reservar una visita guiada organizada por voluntarios del FAI, a través de Milanoguida, con una duración aproximada de una hora.
Los socios del FAI acceden gratuitamente. Es una experiencia curiosa y fuera de las rutas turísticas habituales, ideal para descubrir un fragmento de la historia moderna milanesa.
Este hotel diurno, proyecto de Piero Portaluppi, se utilizaba en los años veinte del siglo XX como “parada de descanso” por los milaneses que, al volver del trabajo o de un viaje, querían relajarse y cuidar su cuerpo durante unas horas.
En aquella época era un lujo permitírselo, teniendo en cuenta que no todo el mundo disponía de baño privado en casa. En el Albergo Diurno había una zona dedicada al barbero, otra a la manicura y otra a los baños termales —los llamados “Bagni”—, entre otros servicios. Hoy podríamos compararlo con nuestros spas y centros de bienestar.
El ambiente conserva ese encanto de otra época que gustará especialmente a los amantes del estilo Liberty y Art Déco. Por desgracia, el Albergo Diurno se encuentra actualmente en condiciones de inhabilidad debido al desuso, por lo que necesita trabajos de restauración y puesta en seguridad.
En la actualidad no está abierto al público ni puede visitarse. Está prevista una reapertura, aunque todavía no se ha anunciado una fecha concreta; probablemente tendrá lugar dentro de unos años, quizá coincidiendo con la inauguración del nuevo Museo de Arte Digital.
El barrio de la Maggiolina en Milán
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La Maggiolina es un barrio histórico de Milán situado junto al Quartiere dei Giornalisti. Toma su nombre de una antigua alquería que en el pasado se encontraba a orillas del Seveso y que hoy ha desaparecido.
La Maggiolina no forma parte de las rutas turísticas clásicas, y sin embargo merece atención por su atmósfera poco convencional. No esperes monumentos, iglesias, lugares de interés conocidos ni rascacielos. El barrio está alejado del centro, en la periferia nordeste de la ciudad.

Milán nunca deja de sorprender, y la Maggiolina es una buena prueba de ello. Es un lugar que ha sufrido distintas transformaciones a lo largo de los años y que hoy es conocido por sus curiosas casas en forma de iglú y de seta, conocidas por los milaneses como “casas de los gnomos” o “casas de los Pitufos”.
Muchas de las casas con forma de seta fueron demolidas en los años sesenta; solo quedan algunas, situadas hoy en Via Lepanto.
Los “iglús” de la Maggiolina están construidos en dos niveles y siguen habitados. Un paseo por las calles del barrio permite conocer una Milán insólita, experimental y mucho más tranquila que el caótico centro.
Villa Figini
Otro edificio digno de mención es Villa Figini, en Via Perrone, conocida como la “Palafitta”, diseñada por su propietario, el arquitecto Luigi Figini.
Además, durante las Jornadas FAI no debería faltar una visita a la cercana Villa Mirabello, fechada en la segunda mitad del siglo XV, con su capilla privada y el patio con logia.
Es un ejemplo típico de cascina suburbana que, con el paso del tiempo, fue transformada de casa de campo en villa privada.
Para apreciar plenamente la Maggiolina recomendamos participar en una visita organizada. Solo así se puede profundizar en la historia, la arquitectura y todas las curiosidades vinculadas al barrio. ¿Sabías que bajo sus calles discurre el río Seveso?
Cómo llegar a la Maggiolina
En metro: línea M3, parada Zara o Sondrio; desde allí, pocos minutos a pie
En autobús: números 81, 42, 43
Villa Invernizzi y los flamencos rosas de Milán
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En pleno centro de Milán existe un jardín donde viven flamencos rosas, una atracción sin duda singular. Es el jardín de Villa Invernizzi, llamada así por los propietarios de la fábrica de los famosos quesitos. Si te queda algo de tiempo, merece entrar en la lista de cosas que ver en Milán.
La fachada del palacio, de estilo Liberty, se asoma a Corso Venezia, en el número 32, y ya resulta interesante por sí sola. Pero el verdadero reclamo son los flamencos que viven desde hace décadas en el parque posterior. Para verlos basta con girar la esquina hacia Via Serbelloni y acercarse a Via Cappuccini.

Importados a Milán desde África y Sudamérica, se cuenta que el primer flamenco llegó de Chile hacia mediados del siglo XX, cuando su importación todavía estaba permitida. Desde entonces, la colonia fue creciendo gracias al propietario de la villa, el empresario Cavaliere Invernizzi, que recreó el hábitat ideal para acogerlos.
Amante del campo, y dado que su esposa prefería la ciudad, decidió crear este rincón verde donde vivir en el corazón de Milán.
Hoy la villa pertenece a la Fondazione Romeo ed Enrica Invernizzi, encargada de proteger a las aves. Está cerrada al público, pero merece la pena hacer una pequeña desviación desde las calles de la moda y las compras para pasar a ver este lugar, que despierta interés tanto entre milaneses como entre visitantes.
Por lo general, los flamencos no se acercan a la verja, pero pueden observarse a través de los setos y fotografiarse mientras se mueven entre el jardín y la fuente.
La zona en sí merece un paseo. Se conoce como Quadrilatero del Silenzio, el “Cuadrilátero del Silencio”, porque, como su nombre indica, es muy tranquila. Pasea entre edificios de estilo Liberty y elegantes residencias, y llega hasta la arquitectura más inesperada del barrio. También merecen atención el arco de Via Tommaso Salvini, Palazzo Rocca Saporiti, Casa Berri Meregalli y Villa Necchi Campiglio.
Cómo llegar a Villa Invernizzi:
Metro Palestro, línea M1 roja; desde allí, 200 metros a pie.
Qué comer en Milán
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Como todas las ciudades italianas, Milán también posee una gran tradición culinaria. El verdadero rey de la cocina milanesa es la mantequilla, utilizada en la mayoría de sus platos, desde el risotto hasta la cotoletta alla milanese, pasando por el panettone.

Para empezar con los platos tradicionales, el más conocido es sin duda el risotto alla milanese, preparado con azafrán. La receta tradicional incluye tuétano de buey, aunque hoy no son muchos quienes lo cocinan de este modo.
Otro primer plato típicamente milanés es la busecca, de la que procede el apodo busecconi, elaborada con callos guisados.
Entre los segundos platos, el más conocido y apreciado es la cotoletta alla milanese, que según la tradición se prepara con carne de ternera, de al menos un dedo de grosor, y se fríe en mantequilla, aunque hoy se prefiere a menudo el aceite de oliva o de semillas, más ligero. Tampoco hay que olvidar el ossobuco, u òsbus a la milanesa: rodaja de jarrete de ternera o buey estofada.
La cassoeula, en cambio, es un plato muy contundente, preparado con col y las partes “pobres” del cerdo, como la corteza, la cabeza, las costillas y las manitas. En cuanto a los dulces, tienen origen milanés el panettone y la colomba. Los lácteos también forman parte de los productos típicos de la zona: stracchino, mascarpone, grana de Lodi y, por supuesto, gorgonzola.
Dónde dormir en Milán
Milán ya no es solo destino de directivos y viajeros de negocios. Incluso antes de la Expo 2015, la ciudad se había convertido en un punto de llegada para el turismo cultural: la recuperación de los Navigli, la multiplicación de exposiciones y la apertura de nuevos museos han atraído a un gran número de nuevos visitantes.

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